Homilías

28 DE JUNIO: DECIMOTERCER DOMINGO ANUAL

"FUREAI" por Juan Vicente Catret S.J., misionero en Japón

“Fureai†es una palabra japonesa que significa “relacionarse con otrosâ€, pero que literalmente viene del verbo “fureruâ€: “tocarâ€. O sea que tratar con otras personas atenta y humanamente es como “tocarseâ€, en el buen sentido de la palabra. Y recuerdo que leí un libro espiritual sobre la oración titulado: “Él me tocóâ€. Es Jesús quien nos toca en el corazón cuando oramos...

  “Fureai” es una palabra japonesa que significa “relacionarse con otros”, pero que literalmente viene del verbo “fureru”: “tocar”. O sea que tratar con otras personas atenta y humanamente es como “tocarse”, en el buen sentido de la palabra. Y recuerdo que leí un libro espiritual sobre la oración titulado: “Él me tocó”. Es Jesús quien nos toca en el corazón cuando oramos...

  Esta palabra “fureai” es bonita y viene a propósito hoy, cuando leemos el Evangelio: la mujer enferma que llamamos “la hemorroísa” toca el manto de Jesús con fe, pensando que si tal hace será curada. Y así ocurre. Luego, Jesús va a casa de Jairo, el jefe de la Sinanogoga, que tiene fe en el poder de Jesús, y ahora es Jesús quien “toca” a la niña hija de Jairo, que ya ha muerto y llamándola con esas bonitas dos palabras “Talitha qumi”, que significa “Niña, levántate”, la toma por la mano y la despierta y levanta a la vida de nuevo.

 

  Jesús, Hijo de Dios, es “Dios de vida”, como ya nos dice el libro de la Sabiduría en la primera lectura de hoy: “Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes; todo lo creó para que subsistiera...Dios creó al hombre incorruptible. Le hizo imagen de su misma naturaleza. Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo”...

  Me gusta el comentario del biblista E. Schweizer: “No ha pasado aún nada importante, hasta que no se llega a un contacto personal con Jesús, encuentro que se cumple únicamente por medio de la palabra, es más del diálogo. De nuevo, la ‘mirada’ parte de Jesús que busca y que crea la comunión con el hombre. Si es verdad que la curación ya acaecida, objetivamente constatable, es y queda como obra suya, es igualmente verdad que así él no ha alcanzado todavía al hombre que busca”.

  Esas palabras nos están diciendo que es Jesús quien busca primero a la mujer “hemorroisa” y a la “niña de Jairo”, y que más que el contacto físico, lo que salva es el encuentro personal con Jesús por medio de la fe y del diálogo de aquella mujer y con Jairo el padre de la niña.

  Y además, Jesús hace eso con sus “milagros en silencio”, sin testigos. De este modo resalta la fe de los que reciben su gracia.

   En la 2ª. lectura, S. Pablo escribe: “Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que os tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad”...S. Pablo hace una colecta en favor de los pobres de la Iglesia de Jerusalén.

  Nosotros hoy, vamos a examinar nuestra fe, confianza y amor a Jesús y a todos los que nos rodean, y le vamos a pedir a Jesús que nos toque él en la frente, las manos, el corazón, y así nos cure y purifique, nos haga más sanos y fervientes en el servicio de amor a la familia, a la Iglesia, al mundo.

  Concluyo con un soneto que me recuerda la “búsqueda de Jesús” que hace la “Hemorroísa” del Evangelio. Es del poeta mejicano Juan José Domenchina (1898-1959) y se titula:

 

  TE BUSCO DESDE SIEMPRE

 

  Te busco desde siempre. No te he visto

nunca. ¿Voy tras tus huellas? Las rastreo

con ansia, con angustia, y no las veo.

Sé que no sé buscarte, y no desisto.

 

  ¿Qué me induce a seguirte? ¿Por qué insisto

en descubrir tu rastro? Mi deseo

no sé si es fe. No sé. No sé si creo

en algo, ¿en qué? No sé. No sé si existo.

 

  Pero, Señor, de mis andanzas, Cristo

de mis tinieblas, oye mi jadeo.

No sufro ya la vida, ni resisto

 

  la noche. Y si amanece, y yo no veo

el alba, no podré decirte: “He visto

tu luz, tus pasos en la tierra, y creo”.

 

                  


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RECUPERAR, RESCATAR, SALVAR - Comentario a las lecturas bíblicas del CUARTO DOMINGO DE CUARESMA – 250330

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