Homilías

PRUEBA - PROCESO

Comentario a los textos bíblicos del domingo 9° del Año Litúrgico

Paciencia y confianza conmigo y con los demás

PRUEBA – EXAMEN – PROCESO

 

Eclesiástico 27, Salmo 92, 1 Corintios 15, Lucas 6

 

Cuando éramos niños y estábamos en clase, una de las palabras que nos producía terror era la palabra “PRUEBA”. “Niños, saquen una hoja que vamos a hacer prueba”. ¡Terror! Después, en la Universidad, venían los nervios cuando se aproximaba la fecha del EXAMEN. Ahora, ya de adultos, no deja de preocuparnos cuando el Doctor nos dice: “Va a tener que hacerse unos exámenes de tal o cual cosa. Sea lo que sea, las pruebas y los exámenes no dejan de traernos problemas.

 

Hoy, la primera lectura nos repite varias veces la palabra “prueba”, refiriéndose a casos bastante diferentes: nos habla del barro sometido a la “prueba” del horno para convertirse en un objeto de greda. Habla del árbol que da buenos frutos como prueba de la persona que lo ha sabido cuidar. Después nos habla de la persona que en la discusión “prueba” su calidad humana.

 

A mí me gustaría más mirar las tres lecturas bíblicas y el salmo de hoy a la luz de la idea de un “PROCESO”, dejando a un lado los conceptos de “prueba” y de “examen”. Veamos por qué. Voy a poner dos ejemplos: un cántaro de greda y una humita. Para obtener una paila o un cántaro de greda se va a necesitar una tierra arcillosa, un poco de agua, amasar la mezcla y darle la forma de paila o cántaro, encender un horno hasta la temperatura requerida, introducir el objeto en el horno y esperar el tiempo de cocción y luego el tiempo de enfriamiento. Sólo recién tendrá la obra a su disposición. Para todo esto se ha necesitado materiales, creatividad, tiempo y trabajo. Se trata de un PROCESO. La tierra no se convirtió en un cantarito automáticamente, de un momento a otro. Insisto; se necesitó voluntad, tiempo y ganas. Igual, nos pasará si queremos comer unas humitas. No se trata de ir a la mata de maíz, cosechar dos o tres choclos y “listo”. Tenemos que sacarle las hojas, rallar los choclos, botar las corontas, hacer una masa y condimentarla, envolverla con las hojas, amarrarlas y ponerlas a cocer. Recién entonces, tenemos las humitas.  Fue un PROCESO que tomó su tiempo, trabajo y amor.

 

Los procesos son algo de la Naturaleza. Los árboles no dan sus frutos de inmediato. Requieren de condiciones climáticas, sol, agua, cuidado del agricultor, florecimiento, tiempo, maduración y recién entonces obtendremos los frutos. Lo vemos claramente en el salmo responsorial, 91 o 92: la palmera que da dátiles, el cedro frondoso del Líbano, el anciano cargado de buenas obras. Éste ha sido su PROCESO.

 

A los seres humanos nos sucede lo mismo. No nacemos adultos ni como profesionales ni como maestros ni como personas maduras. Necesitamos un PROCESO natural de crecimiento y maduración. Necesitamos un PROCESO de aprendizaje de nuestros mayores y maestros. Esto toma su tiempo, ganas y esfuerzo. Con tiempo y paciencia aprendemos a ser humildes y reconocer nuestros defectos. Con paciencia aprendemos a valorar a nuestros prójimos y saber cuándo será conveniente hacerle alguna corrección fraterna. Si no, nos pasaría lo que escuchamos en el evangelio de hoy de ese insensato que ve la pelusa en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio. Tiempo y paciencia son indispensables en el PROCESO de nuestras vidas: paciencia con los demás y paciencia con nosotros mismos.

 

San Pablo, en la segunda lectura, nos muestra el maravilloso PROCESO del que cree en Jesucristo: Se trata del paso de la MUERTE a la VIDA; del hombre CORRUPTIBLE al hombre INCORRUPTIBLE. Desde que nacemos, comenzamos a existir como HOMBRE CORRUPTIBLE y recién el día de nuestra muerte ENTRAMOS A LA VERDADERA VIDA, la vida del HOMBRE INCORRUPTIBLE. ¡ESTE PROCESO SÍ QUE VALE LA PENA!... y es gracias a nuestra FE EN JESUCRISTO. Con Él, la vida vale la pena vivirla. Es Jesús quien le da pleno sentido a nuestra vida.

 

Ahora bien, ¿Qué sucede en el transcurso de este PROCESO? Vamos creciendo, vamos madurando como personas, vamos descubriendo nuevos horizontes, vamos corrigiendo nuestros defectos, vamos realizando nuestras tareas, vamos purificándonos, vamos dejando a un lado las cosas superfluas, vamos acercándonos a Dios y finalmente llegamos al encuentro pleno y amoroso en la VIDA INCORRUPTIBLE, en la VIDA ETERNA.  Con esta perspectiva, la vida, vale la pena vivirla. Y todo esto es gracias a nuestro Señor Jesucristo. Porque Él murió y resucitó, nos puede garantizar que nuestra vida no termina con la muerte. Porque creemos en Él, nos garantiza nuestra resurrección.

 

Habrá momentos en que todo se verá oscuro, momentos difíciles, momentos de PRUEBA como lo veíamos en la Primera Lectura; pero al recordar que estamos en un PROCESO encaminado hacia la LUZ, recuperaremos nuestra confianza y seguiremos hacia el abrazo con Jesús.

 

Nos preguntamos:

  1. ¿Cómo anda la paciencia conmigo mismo?
  2. ¿Cómo anda mi confianza frente a la inevitable realidad de mi muerte?
  3. ¿Transmito confianza y paciencia a mi alrededor?

 

 

 

 


Música

PACIENTE RECUPERACIÓN

RECUPERAR, RESCATAR, SALVAR - Comentario a las lecturas bíblicas del CUARTO DOMINGO DE CUARESMA – 250330

¿Dónde ponemos más nuestra mirada: en las guerras, desastres ecológicos y corrupción que nos espantan o en las cosas buenas que casa día nos suceden?