Homilías

SERVIR CON ALEGRÃA

Una reflexión en el Cuarto Domingo de Adviento 241222

¿Qué cosas nos producen “embarazo†y nos quitan la paz? ¿Qué cara ponemos cuando nos interrumpen y piden favores?

El pasado domingo, Tercero de Adviento, llamado “GAUDETE” o “Domingo de la Alegría”,  nos alegrábamos con María, Madre gozosa del Hijo de Dios. Por esa razón, al final de la Misa, nos dimos la oportunidad de bendecir a las mamás y a las abuelas con sus hijos y nietos. Teníamos que alabar, agradecer y bendecir a Dios por la maravilla que significa DAR VIDA, y eso nos llenaba de ALEGRÍA

 

Este domingo la liturgia nos presenta a María, embarazada, con la ALEGRÍA DE SERVIR. Esto es, precisamente, lo que le ha pasado a la Virgen: llena de Gracia, porque lleva en sus entrañas al Emmanuel, a Dios con nosotros. No quiere perder la oportunidad de compartir su gozo prestando un abnegado servicio a su anciana parienta. Esto le significa dejar su hogar de Nazaret y partir en un viaje de por lo menos tres días, a pie o en un burrito, a un villorrio cercano a Jerusalén en las lomas de Judea.

 

 

¿Y qué le sucedió a Isabel? El Evangelio nos cuenta que el niño que llevaba en su vientre “saltó de alegría y ella, llena del Espíritu Santo, exclamó” lo mismo que nosotros hemos seguido rezando durante dos mil años: “bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”. Aunque hoy no se ha leído, pero sí sabemos que San Lucas en su Evangelio nos decribe la reacción de María en ese precioso canto que nosotros llamamos el “Magnificat”, que dice “Mi alma engrandece al Señor y se ALEGRA mi espíritu en Dios mi Salvador”.

 

María, la humilde servidora del Señor, se ha convertido en la ALEGRE servidora de su prima Isabel, acompañándola en su embarazo durante más de tres meses hasta el nacimiento del niño que años más tarde será Juan El Bautista.

 

Los bellos episodios que ahora podemos contemplar fueron deseados y esperados muchos siglos antes que se llevaran a cabo. Los profetas del Antiguo Testamento animan al pueblo en la esperanza. Es el caso que hoy vemos en la primera lectura bíblica, del profeta Miqueas. Alrededor del siglo Octavo antes de Cristo, pone su mirada en el pueblito de Belén, la cuna del legendario Rey David y anticipa que un día surgirá de ese mismo lugar, Belén, un descendiente del gran rey que apacentará a todos con la fuerza del Señor; Él mismo será la paz. Aunque el profeta no lo nombra, nosotros entendemos que se está refiriendo al Mesías, el Salvador de toda la humanidad. Se trata de Jesús, el Hijo de María, quien lo dará a luz en la sencillez del pesebre de Belén, lo que llenará de ALEGRIA a la humanidad.

 

Dios quiso que fuera así. Dios quiso que durante más de mil años la humanidad estuviera esperando la venida de su Hijo, tropezando en miles de religiones que buscan a ciegas la voluntad del Señor. Fue necesario que el propio Hijo, Jesús, se atreviera a decir DIOS, AQUÍ ESTOY, YO VENGO PARA HACER TU VOLUNTAD: es lo que nos dice la Segunda Lectura de hoy. Hacer la voluntad de Jesús es hacer la voluntad de Dios. ¿A qué vino Jesús? Él vino a SERVIR y quiso que nosotros hiciéramos lo mismo. Hacer la Voluntad de Jesús es lo que nos salva, nos llena de paz y de ALEGRÍA.

 

La ALEGRÍA y el SERVICIO van unidos. Por eso a nuestra reflexión de hoy le hemos puesto SERVIR CON ALEGRÍA. Ojalá no perdamos la ALEGRÍA y el espíritu de SERVICIO cuando nos sentimos “embarazados” con problemas que nos urgen. Pidamos esta gracia a Jesús, por la intercesión de María, la ALEGRE SERVIDORA del Señor.

 

Nos preguntamos:

  1. ¿Qué cosas nos producen “embarazo” y nos quitan la paz?
  2. ¿Qué cara ponemos cuando nos interrumpen y piden favores?

 

 


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