Homilías

DE LAS SOMBRAS A LA LUZ

Comentario a las lecturas bíblicas del 30° domingo del Año Litúrgico D 241027

DESTIERRO – RETORNO; LÃGRIMAS – CANCIONES; PECADO – INDULGENCIA; SOMBRAS – LUZ

Jeremías 31;   salmo 125;   Hebreos 5;    Marcos 10

Del DESTIERRO al RETORNO;  

De las LÁGRIMAS  a las CANCIONES;

Del PECADO a la INDULGENCIA y el PERDÓN;

De las SOMBRAS a la LUZ


Las lecturas bíblicas de este día quieren estimular nuestra confianza en Dios con la virtud de la ESPERANZA.


En primer lugar, el profeta Jeremías se dirige a los israelitas que han sufrido un largo exilio en países extraños. Los anima a alegrarse porque tendrán la oportunidad de volver a su tierra: el Señor quiere salvarlos.

 

En el salmo responsorial se canta con lágrimas de alegría, reconociendo que Dios los ha salvado.

 

En el trozo evangélico vemos a Jesús devolviéndole la vista a un pobre mendigo, llevándolo de las sombras de la ceguera a la luz de la visión.

 

El autor de la segunda lectura bíblica nos habla en un lenguaje más teológico, presentándonos a Jesús como el Sumo Sacerdote de todos los tiempos, infinitamente superior a todos los sacerdotes del Antiguo Testamento. Éstos ofrecían sacrificios de animales en el Templo para implorar la indulgencia y perdón de Dios por sus propios pecados y los del pueblo.  En el caso de Jesucristo, Él es simultáneamente Sacerdote y Víctima: Él se ofrece de una vez para siempre en sacrificio por todos los pecados de todos los tiempos. Por eso, Él es el Sumo y Eterno Sacerdote.

 

Si tomamos conciencia que nuestra patria definitiva es el Cielo, en la Vida Eterna, nuestra vida terrenal la veríamos como un “exilio” temporal, en la espera de alcanzar esa tierra que Jesús nos ha prometido, si vamos con Él. Es ahora cuando tiene pleno sentido la virtud de la Esperanza. Todavía no hemos llegado a la Patria Definitiva, pero confiamos en la palabra de Jesús que allá nos espera.


Para reforzar nuestra Esperanza, nosotros rezamos con el salmo de hoy: “Haz que cambie, Señor, nuestra suerte”. Así pues, efectivamente nuestras lágrimas se convierten en canciones. Estamos cantando nuestra Esperanza.

 

El ciego de Jericó es para nosotros un ejemplo de Fe y Confianza. Por eso se atreve a proclamar a Jesús como el Ungido de Dios, al llamarle “Hijo de David”. El sabe que en Jesús puede confiar. Por eso, Jesús no duda en llevarlo de las SOMBRAS a la LUZ.

 

Puede sucedernos más de alguna vez que sentimos desconfianza del mundo que nos rodea; nos sentimos como extraños ante tantas cosas que no nos podemos explicar y desearíamos ver una luz en tanta oscuridad. Entonces, podemos cantar el salmo 125: “los que siembran entre lágrimas, cantando cosecharán” pidiéndole con fe al Señor que nos haga ver alguna luz.

 

Nos preguntamos:

 

  1. ¿Sabemos pedir al Señor la virtud de la Esperanza?
  2. ¿Nos hemos sentido abrumados o avergonzados por nuestros propios defectos y pecados, olvidando que Dios quiere devolvernos la vida de la Gracia, dándonos su perdón?
  3. ¿Puede sucedernos que no somos capaces de “ver” ciertas tristes realidades y debiéramos pedirle al Señor que nos “abra los ojos” para verlas y tratar de ponerles remedio?
  4. ¿Nos encontramos, a veces, como “desterrados” en el mundo que nos rodea y buscamos encontrarle el “sentido” de nuestro camino?

 

En Jesús está la respuesta.

 

 

 

 

 

 


Música

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