Homilías

29 DE DICIEMBRE: SAGRADA FAMILIA

MODELO DE LA FAMILIA DE NAZARET por Juan Vicente Catret SJ

Este domingo nos presenta a la Sagrada Familia de Nazaret como modelo de la familia para todas las épocas. Como dijo el Santo Papa Pablo VI “la Sagrada Familia es un modelo de vida en común: vida de oración juntos, vida de trabajo, vida de amor, sonrisa, servicio a los demás, a los vecinos y a todos los pocos habitantes con que contaba aquella “aldeaâ€, más que pueblo y menos que ciudad que era Nazaret.

A mí me gusta ese conocido cuadro de Murillo que nos presenta a José trabajando sobre su banco de carpintero, María hilando con la rueca y el niño Jesús jugando con un pajarillo. 
  Pero lo importante es que “el amor” es lo que les une a los tres: el amor al Padre, que se muestra en el amor al prójimo. Eso significa bondad, humildad, dulzura, comprensión mutua. 
  Tanto la primera lectura del Eclesiástico, como la segunda de San Pablo refuerzan el mensaje evangélico: “honrar a los padres”, “sobrellevaos mutuamente...cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados” ... 
  Y cuando el niño Jesús se quedó en el Templo de Jerusalén y María y José, que lo buscaban con angustia y lo encontraron al tercer día de búsqueda, María preguntó al niño Jesús: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. Él les contestó: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en casa de mi Padre?. Ellos no comprendieron lo que quería decir. 
  Luego: “él bajo con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”. 
  Jesús quiere recalcar esa definición: “Dios es el primero sin segundo”. Antes que Dios Padre no se puede poner a ningún padre o madre de la tierra.   María nos enseña a “guardar todo esto en su corazón”, rumiarlo, pedir a Dios Padre que le concediera con su gracia el ir comprendiendo el misterio de su Hijo. 
  Jesús muestra lo profundo a la par que humano del misterio de la Encarnación, cuando baja con María y José a Nazaret, y crece en lo que se ha llamado las “tres eses”: sabiduría, salud, santidad. 
  El santo Papa Juan Pablo II en su Mensaje de Navidad de 1994 dijo: 
  “Al final del año nuestro pensamiento se dirige a la Sagrada Familia. Jesús pidió al Padre para que todos fueran uno. Esta oración la pronunció la vigilia de su Pasión, pero la lleva en el corazón desde su nacimiento. Padre, que sean uno como tú y yo somos uno. ¿No oraba en este momento también por la unidad de todas las familias humanas? 
  Es verdad, ante todo pidió por la unidad de la Iglesia, pero la familia sostenida por un sacramento específico es una célula vital de la Iglesia doméstica. Jesús, pues, ha orado desde el comienzo de su venida al mundo para que todos aquellos que creen en Él experimenten su comunión con Él a partir de la unidad profunda de sus familias; una unidad que forma parte desde el principio del designio de Dios sobre el amor conyugal que está en el origen de la familia... El que, viniendo a este mundo, se entregó a sí mismo desinteresadamente ha rogado para que todos los seres humanos, al fundar una familia, se entreguen mutuamente con desinterés: maridos y mujeres, padre e hijos y todas las generaciones que componen la familia, cada uno aportando su propio don particular. 
  Familia, Sagrada Familia, Familia estrechamente unida al misterio que contemplamos el día del nacimiento del Señor, ¡guía con tu ejemplo las familias de todo el mundo! Hijo de Dios, presente entre nosotros en el seno de una familia, concede a todas las familias poder crecer en el amor y contribuir al bien de toda la humanidad...Enséñales a renunciar al egoísmo, a la mentira, a la búsqueda desenfrenada del provecho personal. Ayúdales a desarrollar, bajo tu inspiración, las energías inmensas del corazón y de la inteligencia”. 
  Termino con un soneto de Lope de Vega titulada:
 
                  AL NIÑO PERDIDO   

Dulce Pastor que nuestro valle pisa 
desde las flores de su prado eterno;

Esposo a quien el alba del invierno 
entre rizos de sol, perlas divisa;
 
dulce amor, dulce Niño, dulce risa, 
dulce Jesús, dulce Cordero tierno: 
¿Qué cuidado del alma, qué gobierno
 mueve los dulces pies a tanta prisa?
 
¿Cómo dejáis a vuestra dulce Madre? 
¿Es bueno que le deis estos enojos? 
¿De la cruz a la corte habéis venido?
 
¡A fe que se lo diga a vuestro Padre! 
Mas, ¡ay de mí!, que respondéis, mis ojos,

que por hallarme a mí venís perdido. 
 
   j.v.c. 


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PACIENTE RECUPERACIÓN

RECUPERAR, RESCATAR, SALVAR - Comentario a las lecturas bíblicas del CUARTO DOMINGO DE CUARESMA – 250330

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