Homilías

UN CIEGO AL BORDE DEL CAMINO

Homilía del P. Juan Vicente Catret S.J. el 24 DE OCTUBRE 2021, DOMINGO 30 DEL TIEMPO ORDINARIO

El evangelio de hoy nos presenta a “al salir Jesús de Jericó†hacia Jerusalén, “el ciego Bartimeo estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna.

Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: “Hijo de David, ten compasión de mí”...”Jesús se detuvo y dijo: Llamadlo. Llamaron al ciego diciéndole: Ánimo, levántate, que te llama. Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: ¿Qué quieres que haga por ti? El ciego le contestó: Maestro, que pueda ver. Jesús le dijo: Anda, tu fe te ha curado. Y al momento recobró la vista y le seguía por el camino”.

No podemos olvidar la ambientación de la escena. Jericó y el camino. La llamada “ciudad de las palmeras” es una de las más antiguas de Palestina. Es la ciudad más baja del mundo, a trescientos metros bajo el nivel del mar, en la depresión del valle del río Jordán, al norte del Mar Muerto. Está separada de Jerusalén por el desierto de Judá, atravesando por un camino impracticable de unos 37 kilómetros. Es un oasis fertilísimo. Jericó se convierte de este modo en una estación de descanso muy frecuentada. Recuerdo haber comido allí, cuando fuimos en peregrinación, unos dátiles sabrosísimos, fruto de las palmeras. Sin embargo, este cuadro sugestivo está atravesado por el camino áspero que sube hacia Jerusalén.

Jesús parece tener prisa. No puede detenerse para gozar de este espectáculo encantador. La meta es otra y él debe conseguirla. Jericó no puede convertirse en una tentación de descanso. Este milagro es el último de sus signos de poder, antes de “revestirse” voluntariamente con la debilidad de la pasión. No es un débil el que se entrega en manos de los enemigos. Es el “fuerte” que cree que hay que vencer con la debilidad y la derrota. Es una amonestación para todos aquellos que pretenden seguir a Jesús.

También nos pregunta Jesús hoy día: “¿Qué quieres que haga por ti?” Y debemos decirle: “Maestro que pueda ver”, que mis-nuestros ojos estén abiertos, que les devuelvas la luz, para que podamos ver que nuestro mundo no es sólo ese haz de noticias tristes y dramáticas en que se recrean los medios de comunicación; que también hay muchos testimonios de vida, innumerables personas que hacen de su vida un proyecto de bondad, de amor y de servicio que pasan desapercibidas muchas veces porque esto no es “noticiable”. Pidamos tener los ojos bien abiertos para, no sólo contemplar sus defectos y limitaciones, sino que nuestras pupilas sean bien sensibles para percibir sus valores y cualidades que, muchas veces, pasan desapercibidos. Pidamos tener los “ojos del corazón” bien iluminados.

Pero hay más. El ciego “soltó el manto”. Esto también es simbólico para todos los que quieren seguir a Jesús. Para seguir al Maestro, siempre hay que dejar “algo”. Uno, como Pedro dejó “la barca” y este ciego el “manto” ... Nosotros también tenemos que dejar “algo” para seguir a Jesús. Dejar nuestro egoísmo, nuestras ansias de vida, salud, poder, estima, etc. para seguir a Jesús por el camino que él quiera.

Decía Santa Teresa de Jesús: “véante mis ojos, muérame yo luego”. Quería decir la Santa que viendo a Jesús camino de la pasión, muerte y resurrección, estaba tan contenta que ya no le importaba vivir o morir, porque en los “ojos de su corazón” había visto al Maestro, al Amigo, al divino Esposo de su alma, y lo demás ya no le importaba nada. También la primera lectura del profeta Jeremías nos invita a ello: “Gritad de alegría...regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, alabad, decir_ el Señor ha salvado a su pueblo”... Y lo mismo hace la segunda lectura de hoy: “el Sumo Sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios...Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus pecados”... Quiero terminar con una poesía del nacido en Santander y muerto en Madrid: Gerardo Diego (1896-1987) titulada: “Porque, Señor, yo te he visto

Porque, Señor, yo te he visto

y quiero volverte a ver, quiero creer.

Te ví, sí, cuando era niño

y en agua me bauticé,

y, limpio de culpa vieja,

sin velos te pude ver. Quiero creer.

Devuélveme aquellas puras

transparencias de aire fiel,

devuélveme aquellas niñas

de aquellos ojos de ayer. Quiero creer.

Están mis ojos cansados

de tanto ver luz sin ver;

por la oscuridad del mundo,

voy como un ciego que ve. Quiero creer.

Tú que diste vida al ciego

y a Nicodemo también,

filtra en mis secas pupilas

dos gotas frescas de fe. Quiero creer.


Música

PACIENTE RECUPERACIÓN

RECUPERAR, RESCATAR, SALVAR - Comentario a las lecturas bíblicas del CUARTO DOMINGO DE CUARESMA – 250330

¿Dónde ponemos más nuestra mirada: en las guerras, desastres ecológicos y corrupción que nos espantan o en las cosas buenas que casa día nos suceden?