Homilías
DOMINGO 18 DEL TIEMPO ORDINARIO
"RICO ANTE DIOS" desde Tokyo por el Padre Juan Vicente Catret S.J.
Ese tĂtulo que he puesto a la homilĂa se debe a la parábola del evangelio de este domingo en la que “el rico codicioso” solo pensaba en enriquecerse y pasarlo bien, sin pensar que podĂa morirse esa misma noche. Era rico “para sĂ” pero no era rico “ante Dios”.
Podemos contraponer al “hombre económico” frente al “hombre litúrgico”. El hombre económico solo piensa en poseer más cosas, mientras que el hombre litúrgico está en armonía con todo lo creado. El primero acumula, el otro comparte. Hay que escoger entre acumular o compartir.
San Basilio Magno (330-379), Obispo de Cesarea comenta:
Ser rico ante Dios
“¿Qué haré? ¿De qué me alimentaré? ¿Con qué me vestiré?”. También esto expresa el rico. Su corazón se aflige devorado por la zozobra. Lo que hace feliz a otros, el avaro lo consume, pues no disfruta con tener todo en casa, sino que la riqueza que se derrama y desborda sus graneros le acucia el alma, no sea que algo asome afuera y dé ocasión de solaz a los indigentes. Reconoce, hombre, al Donador. Acuérdate de ti mismo: quién eres, qué bienes administras, de quién los has recibido, por qué has sido preferido a muchos otros. Has nacido servidor de un Dios bondadoso, administrador de tus consiervos. No pienses que todo está destinado a tu vientre, considera lo que tienes en tus manos como ajeno. Te hará feliz por poco tiempo, y después se escurrirá desapareciendo, y tendrás que rendir cuenta de ello con exactitud. ¿Qué haré? Sería el momento de decir: “Colmaré el alma de los que tienen hambre, abriré mis graneros y llamaré a todos los indigentes”. Gritaré con voz magnánima: “Los que necesitan pan, vengan a mí; cada cual tome lo que necesite como de un manantial común, del don que Dios otorga”.
Termino con una poesía de Concepción Palacín (de 2004) titulada:
AL SERMÓN DE LA MONTAÑA
Dichoso el que carezca de las cosas
que Cristo en la montaña enumera.
Quien en riquezas y poder fallara
viviría en la paz horas gozosas.
La bienaventuranza es agua clara
que discurriendo en senda pedregosa,
llega para calmar la sed penosa
de aquel que en la promesa confiara.
Mas hay un carecer no compensado
cual la escasez de amor, fe y esperanza.
Hermana del vacío siempre odiado,
es para el hombre malaventuranza
y su escuela un alma en tal estado
que, debiendo volar, vuelo no alcanza.
NO PIENSEN EN LO QUE PASĂ“
Comentario a las lecturas bĂblicas del QUINTO DOMINGO DE CUARESMA – 250406
Después de reconocer humildemente nuestro pecado ¿nos hemos acogido al perdón misericordioso de Dios?