Homilías
8 DE OCTUBRE: DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO
PARÃBOLA DE LOS VIÑADORES desde Tokyo por Juan Vicente Catret S.J.
Hoy el tema de la Palabra de Dios es también el de “la viñaâ€. El domingo pasado era, como dijimos, el de “los tres hijos enviados por el Padre a la viñaâ€...
Hoy el tema de la Palabra de Dios es también el de “la viña”. El domingo pasado era, como dijimos, el de “los tres hijos enviados por el Padre a la viña”...
La primera lectura del profeta Isaías es un “canto a la viña” de Dios, que la cuidó, plantó buenas cepas, esperó que diese uvas pero dio agrazones...tendrá que abandonarla y prohibir a las nubes que lluevan sobre ella...
En la segunda lectura, S. Pablo en su carta a los Filipenses, dice cuáles son los frutos (uvas) que Dios espera de nosotros: “todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable”...
En el evangelio, Jesús cuenta a los líderes del pueblo la “parábola de los viñadores”...rememora el canto a la viña de Isaías, y dice que a Dios le fallan las previsiones. Su esperanza se ve fallida. Ofrece amor y recibe traición. Multiplica el perdón, las atenciones y recibe negativas. Tenemos que rogarle que no se canse de esperar...
Dios Padre envió a profetas, que fueron rechazados y al final nos envió a su Hijo Jesús...que murió en la cruz por culpa de nuestros pecados. Dios lo ha dado todo, Dios es pobre, no le queda nada. Pero ese Jesús rechazado, “es la piedra angular” del edificio...Anuncia la resurrección y exaltación de Jesús, es el “Punto Omega” que nos atrae con la fuerza de su amor que brota de su Corazón. Y espera frutos de justicia, de amor servicial, de solidaridad entre todos los hombres de buena voluntad. Dios nos alcanza, quiere lo mejor para nosotros, partiendo de una posición opuesta a la nuestra. Pero no corre detrás, sino que va a nuestro encuentro. No nos alcanza por la espalda, sino que nos lo encontramos de frente, lo vemos de cara...
San Máximo de Turín (380-465), que fue el primer obispo de esa ciudad de Turín, en un sermón dijo:
“La viña del Señor, dice el profeta, es la casa de Israel. Ahora bien, esta casa somos nosotros, y pues somos Israel, somos también la viña del Señor. Vigilemos, pues, que no nazca de nuestros sarmientos, en lugar de la uva dulce, el fruto de la cólera, para que diga: Esperaba uvas y dio agraces. ¡Qué tierra tan ingrata! La que tenía que dar a su amo frutos de dulzura, lo atravesó con espinas agudas. Así, sus enemigos, los que tenían que haber acogido a su Salvador con toda la devoción de su fe, lo coronaron con espinas en la pasión. Para ellos esta corona significaba ultraje e injuria, pero, a los ojos del Señor, era la corona de las virtudes.
Prestad atención, hermanos, que no se diga a vuestro propósito: Esperaba buenos frutos y dieron agraces. Estemos atentos a que nuestras malas acciones no hieran la cabeza del Salvador como espinas crueles. Hay espinas del corazón que han herido hasta la misma palabra de Dios, como dice el Señor en el Evangelio cuando narra que el grano del sembrador cayó entre espinos, estos crecieron y ahogaron la semilla. Vigilad, pues, que vuestra viña no produzca espinos en lugar de racimos, que vuestra vendimia no dé vinagre en lugar de vino”...
Termino con el soneto del Arzobispo poeta de Méjico Luis María Martínez (1881-1956) titulado:
EL FRUTO DE LA VID
El fruto de la vid sin el pesado
esfuerzo del lagar no fuera vino,
ni el trigo candeal sin el molino
se convirtiera en pan inmaculado.
Si por dolor no fuera transformado
en pan de vida y en licor divino
el amor, no cumpliera su destino
de darse en comunión siempre el amado;
sin la cruz, para mi Jesús no fuera
pan de salud y cáliz de alegría
y él mismo en mi miseria no viviera,
y pues su amor me dio eucaristía,
mi amor no fuera amor si no le diera,
por un milagro de dolor, la mía.
PACIENTE RECUPERACIÓN
RECUPERAR, RESCATAR, SALVAR - Comentario a las lecturas bÃblicas del CUARTO DOMINGO DE CUARESMA – 250330
¿Dónde ponemos más nuestra mirada: en las guerras, desastres ecológicos y corrupción que nos espantan o en las cosas buenas que casa dÃa nos suceden?